Bono de casino del 200 %: cómo se calcula
El porcentaje duplica el depósito salvo que el máximo promocional lo limite; las reglas de rollover distinguen el saldo propio del bono.

Qué representa un bono de bienvenida del 200 % en el saldo
Un porcentaje de bienvenida describe la relación entre el depósito y el importe que el operador añade como bono. Si la oferta anuncia un 200 %, el cálculo parte de la cantidad depositada: el bono equivale al doble de esa cantidad, siempre que el máximo previsto por la promoción no reduzca el resultado. Por eso, el porcentaje no es una suma independiente ni una cantidad fija. Cambia con el depósito y puede quedar limitado por el tope indicado en las condiciones.
La diferencia entre el saldo depositado y el saldo promocional es importante. El dinero ingresado procede de la cuenta del participante; el bono, en cambio, se concede bajo las reglas de la promoción. Ambos importes pueden aparecer juntos en el saldo disponible para jugar, pero esa presentación no los convierte en una sola clase de fondos. La forma en que se calcula el rollover determina qué cantidad sirve de base para fijar el volumen que habrá que apostar antes de poder cobrar.
Un 200 % puede parecer una fórmula sencilla. En efecto, multiplicar por dos la cantidad ingresada permite calcular el bono bruto anunciado. Pero ese resultado no responde por sí solo a preguntas decisivas: si existe un máximo, si el porcentaje se aplica a todo el depósito o solo a una parte y, sobre todo, si el rollover toma como referencia únicamente el bono o también el dinero depositado. El porcentaje expresa el tamaño potencial de la concesión, no el coste completo de liberarla.
El porcentaje y la cantidad que se añade
Para entender la cuenta, basta imaginar el depósito como una unidad de referencia. Con una promoción del 200 %, el bono representa dos veces esa unidad. Si el depósito se llama D, el bono anunciado equivale a dos D; juntos, el depósito y el bono forman un saldo inicial de tres D, antes de considerar posibles topes u otras reglas de la oferta. Esta relación ayuda a separar tres magnitudes que a menudo se confunden: lo ingresado, lo concedido como bono y el saldo conjunto.
La confusión es comprensible. En una pantalla de juego, el saldo puede mostrarse como una cifra única, mientras que en las condiciones de la promoción se distinguen el depósito y la parte promocional. Esa diferencia contable importa porque el rollover puede calcularse sobre bases distintas. Un multiplicador idéntico aplicado al bono o al saldo formado por depósito más bono produce requisitos muy diferentes. El 200 % no revela cuál de esas bases ha elegido el operador.
La cifra anunciada tampoco garantiza que el bono final corresponda siempre al doble del depósito. Una promoción puede establecer un máximo de concesión: al llegar a ese techo, un depósito mayor ya no aumenta el bono en la misma proporción. Así, el porcentaje explica la regla de cálculo hasta el límite aplicable, no necesariamente la cantidad efectiva que recibirá cada participante. La cifra destacada y la cantidad que termina incorporándose al saldo pueden, por tanto, separarse.
Una reseña especializada puede describir bonos de bienvenida con porcentajes del 100 % o superiores, máximos elevados y, en ocasiones, giros gratis. Esa descripción sirve para reconocer la variedad de formatos que se presentan en las ofertas, no para convertirlos en una norma invariable del mercado. Cada promoción concreta define su propio porcentaje y su máximo. Sin esos dos datos, no es posible traducir el reclamo general en una cantidad precisa.
El nombre de la oferta también puede dar una impresión excesivamente completa. «Bono del 200 %» habla del porcentaje, pero no informa por sí mismo de la base del rollover, del máximo promocional ni de la relación entre los fondos depositados y los concedidos. Es una etiqueta para una parte de la operación. La mecánica aparece al leer juntas la fórmula del bono y la fórmula que determina el volumen de apuestas.
El rollover no siempre parte de la misma suma
El rollover es el volumen total de apuestas que debe alcanzarse antes de poder cobrar. Para calcularlo, se multiplica una cantidad de referencia por el multiplicador indicado. La cuestión es qué cantidad ocupa ese lugar. Hay dos estructuras principales: el cálculo puede tomar solo el bono, o puede incluir tanto el bono como el depósito. La diferencia no está en el multiplicador, sino en el importe sobre el que se aplica.
El volumen de apuestas se calcula multiplicando únicamente la cantidad concedida como bono por el factor de rollover.
El multiplicador se aplica a la suma conjunta del importe depositado y la cantidad recibida como bono.
Cuando la condición se refiere únicamente al bono, la operación es directa: importe del bono multiplicado por el factor de rollover. Un bono de 10 € sujeto a x10 exige apuestas acumuladas por valor de 100 € antes de poder cobrar. El depósito no entra en esa multiplicación. La cifra no expresa una pérdida prevista ni una cantidad que haya que aportar de nuevo; expresa el volumen de apuestas que debe contabilizarse conforme a la regla de la promoción.
Si la condición incluye depósito y bono, primero se suman ambos importes y después se aplica el multiplicador a esa suma. Con un depósito de 100 € y otro tanto concedido como bono, la base conjunta asciende a 200 €. Aplicar x30 a esa cantidad deja un volumen requerido de 6.000 €. El multiplicador es el mismo en toda la operación, pero la base más amplia cambia de manera considerable el resultado.
Los dos cálculos muestran por qué un porcentaje alto no permite juzgar una oferta de forma aislada. El tamaño del bono puede aumentar con el depósito y, al mismo tiempo, la base del rollover puede incluir el saldo entero de la promoción. En ese caso, el requisito no se calcula únicamente sobre la cantidad añadida por el operador. La impresión de recibir más fondos y la obligación de generar más volumen forman parte de la misma estructura.
También puede ocurrir lo contrario en la comparación: un bono de menor importe no necesariamente implica un requisito proporcionalmente menor si su multiplicador o su base de cálculo son distintos. El porcentaje describe cuánto se concede en relación con el depósito. El rollover describe cuánto volumen de apuestas se exige. Son variables relacionadas por la oferta, pero no intercambiables. Una no permite deducir automáticamente la otra.
Leer la oferta como una operación, no como un reclamo
Una manera ordenada de interpretar la promoción consiste en localizar primero el importe que se añade y, después, identificar qué suma se multiplica. Si el texto dice que el rollover recae sobre el bono, la base será ese importe. Si menciona el depósito más el bono, la base será la suma de los dos. El resultado de esa operación permite entender la exigencia inicial sin confundirla con el saldo visible ni con la cantidad ingresada.
La expresión «bono del 200 %» suele atraer la mirada hacia el porcentaje. Sin embargo, el máximo puede modificar el resultado: si el cálculo porcentual supera el techo de la promoción, el bono queda fijado por ese tope. En consecuencia, un depósito mayor no siempre produce un bono mayor en la misma proporción. El porcentaje es una regla de partida y el máximo actúa como límite de esa regla.
Esta relación puede describirse con una fórmula sencilla. Si el depósito es D, el valor teórico del bono al 200 % es 2D. El saldo conjunto antes de cualquier otra operación sería D más 2D, es decir, 3D. Si existe un máximo inferior a 2D, el bono efectivo será ese máximo y el saldo conjunto se calculará con el importe realmente concedido. La fórmula no sustituye las condiciones, pero deja claro qué cifras pertenecen a cada parte.
La cifra global del saldo tampoco debe confundirse con dinero libre de condiciones. Que los fondos aparezcan reunidos en una misma cuenta no determina sobre qué parte se calcula el rollover. Esa definición depende de las condiciones de la oferta. En un caso, el multiplicador se aplica a la concesión promocional; en otro, a la concesión más el depósito. La diferencia puede transformar una misma cantidad anunciada en dos requisitos de volumen distintos.
- Identificar el importe añadido
- Determinar la suma exacta que se multiplica
- Verificar si el bono alcanza el tope máximo
- Confundir el saldo visible con dinero libre
- Basar la decisión solo en el porcentaje
- Ignorar la base del cálculo del rollover
Hay una razón práctica para que esta distinción se pierda con facilidad: el lenguaje promocional condensa en pocas palabras operaciones que las condiciones desarrollan por separado. El porcentaje presenta la proporción; el máximo, el techo; el rollover, el volumen exigido; la base, el importe sobre el que se calcula ese volumen. Si esos elementos se leen como si fueran una única cifra, el saldo promocional parece más transparente de lo que realmente es. La aritmética, al menos, no tiene eslóganes.
Qué permite comparar el 200 %
El porcentaje permite comparar la proporción nominal entre depósito y bono, pero solo mientras se tengan presentes los máximos y la base de cálculo del rollover. Dos ofertas que anuncian el mismo porcentaje pueden conceder cantidades diferentes si sus topes no coinciden. Y aunque el bono efectivo fuese igual, el volumen exigido podría variar si una promoción multiplica solo el bono y otra multiplica el conjunto del depósito y el bono.
Por eso, comparar porcentajes sin comparar importes y fórmulas deja fuera una parte sustancial de la oferta. El 200 % puede equivaler al doble del depósito en el cálculo inicial, pero no dice cuánto de ese bono se concede cuando opera un máximo. Tampoco indica si el rollover se calcula sobre la bonificación aislada o sobre todos los fondos contemplados por la promoción. Son preguntas separadas, aunque aparezcan bajo el mismo titular.
El ejemplo de x10 deja visible la mecánica elemental: cuando el multiplicador se aplica a un bono de 10 €, el volumen que se debe acumular asciende a 100 €. El ejemplo con x30 muestra el efecto de ampliar la base: un depósito de 100 € y un bono de otros 100 € suman 200 €, y multiplicar esa base conduce a 6.000 € de apuestas requeridas. No son dos maneras de expresar lo mismo. Cambia aquello sobre lo que se hace la multiplicación.
El porcentaje de bienvenida pertenece a la fase de concesión. Indica cómo se relaciona el bono con el depósito, sujeto al máximo de la promoción. El rollover pertenece a la fase de cálculo del volumen necesario para que el saldo promocional pueda liberarse. Separar ambas fases evita tomar el importe añadido como una medida completa del valor de la oferta. Una cifra generosa en la primera línea puede convivir con una base de cálculo más amplia en la segunda.
En términos contables, la promoción tiene una cara visible y otra estructural. La visible es el porcentaje que aumenta el saldo inicial; la estructural está formada por la cantidad que se considera bono, la que se considera depósito y la suma elegida para aplicar el multiplicador. El saldo mostrado reúne dinero de procedencia distinta, pero las condiciones conservan esa distinción. Para calcular el rollover, no basta con mirar el total que aparece en pantalla: hace falta identificar la base definida por la oferta.
Así se entiende el alcance del 200 % sin atribuirle más información de la que contiene. Es una relación matemática entre depósito y bono, no una medida automática de la facilidad para cobrar ni una descripción completa del saldo. El cálculo inicial queda determinado al conocer el importe promocional efectivo, el máximo correspondiente y si el multiplicador recae sobre el bono solo o sobre bono y depósito. Tres piezas. El resto es aritmética.
Conclusiones del bono
- El porcentaje indica la relación nominal entre depósito y bono.
- El máximo promocional actúa como límite real de la concesión.
- La base del rollover (bono solo o bono + depósito) define el volumen de apuesta requerido.
- Un porcentaje alto no garantiza una oferta favorable si el requisito de volumen es excesivo.
Nuestro top de casinos online
El precio de liberar el bono: juegos, plazos y límites
Un bono de bienvenida del 200 % puede parecer generoso en el momento de activarlo y volverse mucho menos atractivo al leer qué apuestas sirven para liberar sus fondos. El porcentaje ocupa el escaparate; las condiciones determinan qué parte del juego se reconoce, durante cuánto tiempo y bajo qué límites. En las promociones de casino, esa diferencia se nota sobre todo entre las tragaperras y los juegos de mesa. En las apuestas deportivas, aparece en las cuotas y en los mercados admitidos.
El rollover no siempre se calcula del mismo modo en todas las ofertas. Según las reglas de cada operador, puede recaer sobre el importe del bono, sobre el depósito o sobre ambos. Esa estructura es el punto de partida; aquí importa lo que ocurre después, cuando el saldo promocional ya está activo y cada apuesta puede avanzar el requisito, hacerlo avanzar solo en parte o no moverlo. Que una jugada se haya realizado no significa, por sí solo, que cuente íntegramente.
No todas las apuestas pesan igual
Las tragaperras suelen aportar el total de cada apuesta al rollover. Ruleta y blackjack, en cambio, pueden contribuir solo parcialmente: las condiciones contemplan aportaciones de entre el 5 % y el 15 %, y algunos juegos pueden quedar excluidos. La diferencia altera el ritmo al que se acumula el volumen válido. Una cantidad apostada en una tragaperras no tiene necesariamente el mismo efecto que esa misma cantidad en una mesa.
Por eso, mirar únicamente el nombre del juego o su categoría general puede inducir a error. La regla aplicable debe especificar qué títulos son elegibles y qué porcentaje aporta cada uno. Incluso dentro de una oferta centrada en casino, las exclusiones pueden alcanzar juegos concretos. Si una apuesta no está incluida, su resultado económico no cambia su tratamiento promocional: puede haber ganado o perdido dinero y, aun así, no haber contribuido al rollover.
La ponderación parcial tiene una consecuencia sencilla, aunque no siempre evidente: para avanzar la misma cantidad reconocida por el operador, hace falta realizar más apuestas en los juegos que aportan solo una fracción. No es una diferencia cosmética. Cambia la exposición al riesgo y puede hacer que una oferta parezca más fácil de cumplir de lo que resulta al jugar en las modalidades favoritas de quien la acepta.
En la ruleta y el blackjack, además, no basta con asumir que existe una aportación reducida. La regla puede fijar una contribución baja o excluir el juego por completo. La distinción debe aparecer en las condiciones de la promoción, no deducirse de la costumbre del casino ni de lo que ocurra con otra oferta del mismo operador. Un mismo establecimiento puede aplicar reglas distintas a promociones diferentes.
La contabilidad promocional tiene una lógica propia. El saldo puede mostrarse como disponible para jugar, mientras que su tratamiento para el rollover depende de una tabla de contribuciones. En esa tabla, la categoría del juego y el porcentaje reconocido importan más que la impresión de que una apuesta «cuenta». El verbo es demasiado amplio para describir una mecánica que admite contribución completa, parcial o nula.
Contribución de juegos
Las tragaperras suelen aportar el 100 % de la apuesta al rollover, mientras que la ruleta y el blackjack pueden contribuir solo entre un 5 % y un 15 % o estar excluidos.
Las reglas deportivas también pueden filtrar apuestas
En promociones vinculadas a apuestas deportivas, la cuota mínima y el tipo de apuesta pueden influir en la validez. Algunas casas solo reconocen apuestas simples que superan una cuota de 1,50 o de 1,70; las cuotas muy bajas pueden quedar fuera. Esos umbrales aparecen en determinadas condiciones, no como una regla universal del mercado. Una revisión especializada puede describirlos para una oferta concreta, pero la condición decisiva sigue siendo la publicada por el operador correspondiente.
También hay deportes, mercados especiales o apuestas de sistema que pueden aportar solo una parte del importe jugado, como el 20 % o el 50 %. Si la regla asigna una ponderación reducida, el saldo apostado y el volumen reconocido dejan de coincidir. En una apuesta de sistema, por ejemplo, no cabe dar por sentado que el importe completo avance el rollover solo porque la apuesta se haya aceptado. El mercado elegido puede cambiar la contribución.
Estas condiciones pueden convivir: una oferta podría restringir las cuotas admitidas y, además, ponderar de forma distinta algunos mercados. La ficha del bono no debería leerse como una invitación general a apostar, sino como un conjunto de criterios de elegibilidad. La diferencia entre «apuesta válida» y «apuesta que contribuye plenamente» merece atención particular; a veces, una jugada permitida no aporta el volumen esperado.
El lenguaje de las condiciones también puede ocultar una diferencia práctica. Una apuesta puede ser aceptada por la casa y formar parte de la actividad de la cuenta, pero no ser válida para completar la promoción. No hay contradicción: el operador está registrando la apuesta ordinaria y, a la vez, aplicando reglas específicas al bono. Para el saldo promocional, solo cuenta lo que indiquen esas reglas.
El reloj promocional
El plazo comienza a correr desde que se recibe el bono, no desde que resulta cómodo utilizarlo. Algunas reseñas especializadas describen promociones con un periodo de siete días para completar el rollover; se trata de una condición atribuida a ofertas concretas, no de una fecha límite común a todos los casinos. Otra modalidad señalada en esas reseñas combina un rollover de 35x con un plazo de siete días. La combinación ilustra por qué el tiempo y el volumen exigido deben leerse juntos: un multiplicador, aislado del plazo, no cuenta toda la historia.
La fecha de vencimiento puede afectar tanto al saldo pendiente como a las ganancias asociadas. En las condiciones de determinadas promociones, si el plazo termina antes de completar el volumen exigido, el operador cancela el bono que aún quede y puede retirar también las ganancias generadas con ese saldo. Una reseña especializada puede referirse a esa práctica en ofertas concretas; el tratamiento exacto depende de las condiciones aplicables a cada promoción.
No se trata solo de que el bono deje de estar disponible para nuevas apuestas. La pérdida puede extenderse a resultados obtenidos mientras se jugaba con los fondos promocionales. Por eso conviene distinguir entre saldo de depósito, saldo de bono y ganancias asociadas, si la cuenta o las reglas los presentan por separado. La clasificación determina qué puede seguir disponible una vez vencido el plazo. El saldo no siempre es una sola bolsa.
El tiempo también interactúa con las contribuciones parciales. Si una parte de las apuestas no cuenta o solo suma una fracción, el avance real puede ser más lento de lo que sugiere el total apostado. Un contador de progreso, cuando existe, ofrece una referencia más útil que la suma bruta de las jugadas; aun así, las condiciones publicadas son las que fijan qué se ha contabilizado y qué sucede al llegar la fecha de expiración.
Vencimiento del bono
Si el plazo termina antes de completar el rollover, el operador puede cancelar tanto el bono restante como las ganancias generadas con dicho saldo.
La decisión de activar la promoción, por tanto, no se reduce a aceptar o rechazar un porcentaje. En la mayoría de operadores es posible registrarse y depositar sin activar un bono. Esa posibilidad importa porque la promoción puede introducir un plazo, juegos elegibles, restricciones de apuesta y condiciones de retirada que no existirían del mismo modo sin ella. Renunciar al bono no equivale a renunciar a abrir una cuenta; son decisiones distintas.
Límites que cambian el valor de las ganancias
Algunas promociones fijan un máximo para las ganancias atribuibles al bono. Una reseña especializada puede describir ofertas con un tope de 2.000 euros, pero esa cifra corresponde a una condición concreta y no permite presumir que otras promociones tengan el mismo límite. El tope puede reducir el importe que queda disponible aunque el juego haya producido un resultado superior. La cifra anunciada en la bienvenida y la cantidad que finalmente se puede conservar no son necesariamente iguales.
También hay casinos que limitan el retiro de los fondos de bono a un múltiplo del importe del bono, con reglas descritas en algunas condiciones como 5x, 10x o 20x. Es un límite diferente del rollover: uno determina cuánto hay que apostar para liberar la promoción; el otro puede acotar cuánto se retira de las ganancias promocionales. Si se confunden, el jugador puede completar el requisito y descubrir después que el importe cobrable sigue sujeto a otro techo.
Los giros gratis tienen su propio tratamiento. Algunas promociones los ofrecen sin rollover, pero eso no descarta que exista un límite sobre la cantidad que se convierte en saldo retirable. Además, las ganancias generadas con giros gratis pueden quedar sujetas a un requisito de rollover independiente. «Sin rollover» puede describir los giros concedidos, no necesariamente todo lo que se obtiene con ellos. La diferencia debe aparecer en las reglas de conversión.
La apuesta máxima es otra pieza de la letra pequeña. Para las promociones incluidas en estas condiciones, la apuesta permitida durante el uso del bono es el menor importe entre el 10 % del bono —con un mínimo de 0,10 euros— y 5 euros. Algunos casinos también fijan un máximo por tirada de 5 euros mientras el bono está activo; superar ese tope puede provocar que se anule. La regla aplicable debe revisarse antes de jugar, porque apostar por encima del límite puede comprometer el bono y las ganancias asociadas.
La apuesta máxima no es un detalle menor que solo afecta a quienes prefieren jugar fuerte. Si una jugada supera lo permitido, puede dejar de ser válida para la promoción o desencadenar su anulación, según las condiciones. También puede ocurrir que la cantidad admisible dependa del saldo promocional y no del depósito inicial. Lo prudente, en términos de lectura, es localizar el límite concreto de la oferta y no dar por sentado que el máximo ordinario de la cuenta sigue vigente durante el bono.
Retirar dinero real antes de completar el rollover puede tener consecuencias sobre la promoción. También pueden ponerla en riesgo las apuestas en juegos excluidos o la apertura de cuentas duplicadas. Estas reglas convierten ciertas acciones de cuenta en condiciones de validez, no solo en cuestiones de estrategia. El momento de solicitar un retiro importa: no se puede pedirlo antes de cumplir los requisitos de apuesta aplicables.
Riesgo de anulación
Superar la apuesta máxima permitida o retirar dinero real antes de completar el rollover puede provocar la anulación inmediata del bono y sus ganancias.
Las ofertas con código promocional pueden tener condiciones distintas de las del bono estándar. No basta con que el porcentaje anunciado coincida. El código puede activar una versión diferente de la promoción, con otras reglas de elegibilidad, duración o retiro. De igual modo, el bono de bienvenida no puede reclamarse más de una vez cada 72 horas conforme a estas condiciones. Una cuenta adicional no transforma una promoción limitada en una promoción nueva; las cuentas duplicadas pueden causar la pérdida del bono.
La lista de aspectos que deben revisarse antes de aceptar una oferta es concreta: rollover, límite máximo de ganancia, fecha de expiración, juegos elegibles y restricciones de pago. Las condiciones completas publicadas en la web del operador son la referencia vinculante para reclamar. Un titular promocional resume; no reemplaza las reglas. Y, en caso de discrepancia, es el texto completo de la oferta el que establece el tratamiento de la cuenta.
La promoción dentro del marco español
En España, un casino en línea que ofrece bonos debe operar con licencia de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ). El mercado legal comenzó a funcionar el 6 de junio de 2012, con la concesión de las primeras autorizaciones. Desde entonces, la actividad se organiza bajo un sistema en el que solo los operadores habilitados pueden ofrecer y comercializar juego en línea para residentes españoles.
La Ley 13/2011, de 27 de mayo, estableció las bases legales de las apuestas y los juegos de azar por internet en España. Para obtener autorización, los operadores deben acreditar el cumplimiento de exigencias jurídicas y técnicas. La DGOJ emplea licencias generales y singulares, y limita las autorizaciones a operadores dirigidos a residentes del país. No es un sello decorativo: determina quién puede organizar legalmente estas actividades.
El Real Decreto 958/2020, relativo a las comunicaciones comerciales del juego, endureció las restricciones aplicables a las promociones dirigidas a nuevos clientes, entre ellas muchos bonos de bienvenida. Así, el bono del 200 % no vive únicamente en la página de una empresa: forma parte de una actividad sometida a normas sobre juego y publicidad. Las condiciones promocionales deben entenderse dentro de ese marco, no como una zona separada de la regulación.
La licencia local también se relaciona con garantías para quien participa. Los operadores autorizados deben ofrecer reglas claras y transparentes, informar sobre ellas y proporcionar un entorno de juego íntegro. La seguridad de depósitos, pagos y cobros forma parte de las garantías asociadas al mercado regulado. La identificación de participantes y la comprobación de identidad y edad buscan impedir el acceso de menores. En España, el juego está reservado a personas mayores de 18 años.
En la práctica, la regulación no sustituye la lectura de las condiciones de un bono. La licencia habilita al operador dentro del marco español; no vuelve idénticas todas sus promociones ni elimina los límites particulares de cada una. El porcentaje llamativo puede ser común en la publicidad, pero la contribución de cada juego, el plazo, los topes y las consecuencias de incumplirlos siguen dependiendo de la oferta concreta.
Tampoco debe confundirse la autorización para operar con una promesa de que cualquier saldo promocional terminará convertido en dinero retirable. La promoción conserva sus propias condiciones. Si el rollover no se completa en plazo, pueden perderse el bono y las ganancias asociadas; si una apuesta supera el máximo, o se realiza en un juego excluido, el operador puede aplicar las consecuencias previstas. Regulación y cumplimiento promocional responden a preguntas distintas.
El marco español pone límites a quién puede ofrecer legalmente estos servicios y a cómo se comunican ciertas promociones. La letra pequeña, por su parte, define cómo se comporta el bono dentro de la cuenta. Entre ambas capas se encuentra el coste efectivo de liberarlo: no solo el volumen requerido, sino las apuestas reconocidas, la ventana temporal, los topes de cobro y las acciones que pueden invalidar la oferta. Cada regla tiene su lugar. Ninguna es ornamental.
¿En qué juegos se puede usar el saldo de un bono del 200 %?
Las tragaperras suelen contar el 100 % de las apuestas para el rollover. La ruleta y el blackjack suelen contar solo entre el 5 % y el 10 %, o pueden quedar excluidos.
¿Cuál tiene mejor rollover, el bono de recarga o el de bienvenida?
El bono de recarga suele tener un rollover algo más bajo que el de bienvenida. Comprueba también si el requisito se calcula sobre el bono o sobre el bono más el depósito.
¿Caducan los bonos de recarga y de bienvenida?
Los bonos suelen dar 7 días desde que se reciben para completar el rollover. Si vence el plazo sin alcanzarlo, normalmente se cancela el saldo promocional pendiente y, en algunos casos, también las ganancias obtenidas con él.
Elaborado por el equipo de «Casinosdetragaperras.com».
